25 feb
Año tras año las collalbas grises, un pequeño pájaro de la familia de los mirlos, cuyo peso es algo mayor que el de un par de sobres de azúcar, vuela sin descanso desde las regiones árticas hasta el corazón de África, al sur del desierto del Sáhara. Su viaje es de ida y vuelta, bianual, y así año tras año. ¡Toda una hazaña para este pájaro!
Una migración de 29.000 km
El nuevo estudio sobre la migración de la collalba gris rompe las barreras de lo imaginado; firmado por el profesor Ryan Norris, David Hussell del Ministerio de Recursos Naturales de Ontario y un equipo de ornitólogos alemanes del Instituto Aviar, destaca la distancia que el ave recorre anualmente, unos 29.000 km sobrevolando océanos, desiertos y montañas. Si atendemos a su tamaño (similar al de un petirrojo o un pinzón), se trata de uno de los viajes migratorios más largos realizados por un ave a escala mundial.
“Sus jornadas de vuelo son increíbles”, afirma Ryan Norris, “Piensen que cría a sus pollos en la tundra ártica y tan sólo unos meses después se encuentra alimentándose en África Central.”
Geo-localizadores de tan sólo 1,2 gramos
Hasta hace poco tiempo, los secretos de las rutas migratorias de las aves más pequeñas no se conocían en detalle; el anillamiento científico, consistente en colocar pequeñas anillas de metal en las patas de un pajarillo, produce un índice bajísimo de recuperaciones, y su práctica produce un estrés sobrevenido a muchas aves e incluso causa lesiones irreparables; algo intolerable tras los avances tecnológicos materializados en diminutos y livianos geo-localizadores. Estos dispositivos que pesan cerca de un gramo permiten seguir durante meses los movimientos de cada ave con un asombroso nivel de detalle. Eso hicieron con 46 ejemplares de collalba gris, a los que colocaron un pequeño arnés con el localizador que registró dos veces al día durante tres meses -entre diciembre y marzo-, la variación de las horas de luz, procesándose posteriormente los datos acumulados.
De Alaska a África vía Siberia y Arabia / De Cánada a África a través de Gran Bretaña y España
El estudio demuestra que las collalbas pasan el invierno en África central, al sur del Desierto del Sáhara. Si ya se sabía que las aves que crían en Groenlandia atraviesan el continente europeo llegando a tierras africanas a través del Estrecho de Gibraltar; existe una migración regular entre América a Europa, desde las zonas reproductoras del ártico canadiense hasta superar el desierto del Sáhara, atravesando 3.500 km del Atlántico Norte, cruzando Gran Bretaña y después dirigiéndose al sur a través de España y Portugal. Los datos son sobrecogedores: una media de 290 km al día y 850 km en vuelo nocturno sin paradas cruzando el océano, de noche y con viento a favor de cola.
[Acceso al artículo de referencia en Biology Letters ]
Wildlife Extra News & Jorge Garzón ©2012
4 Responses for "El extraordinario viaje de la collalba gris"
Muy, muy interesante.
Pero detecto una pequeña crítica al anillamiento científico, aunque el método de captura esté basado en las técnicas usadas en el anillamiento científico.
Además este método de marcaje, con el que estoy familiarizado, implica el marcaje masivo de individuos y un esfuerzo de captura muy gran el año posterior a su colocación. El anillamiento científico ha sido la base de este trabajo, pero la tecnología ha ayudado a darle más potencia al estudio.
Un saludo,
Felicidades, muy buen artículo.
¡Gracias Alberto! Siempre es bueno plasmar un espíritu crítico -y constructivo- en lo que se conoce y aprecia. De Helgoland y sus trampas para túrdidos hasta hoy día ha avanzado mucho la tecnología. Habrá que aplicarla sin olvidar que no hubiésemos llegado aquí sin dar los necesarios pasos anteriores.
Un saludo
Felicidades por el estudio. Pero veo totalmente erróneo las afirmacion sobre el anillamiento. Con un fin constructivo permitame que le explique por que pienso esto:
1.- El anillamiento y los Geo-localizadores son herramientas distintas de trabajo. ¿Cómo estudiaría usted la densidad de una poblacion en una zona con los localizadores?Y ya no le digo el precio de un emisor.
2.- Si revisa bibliografía verá que para muchas especies el indice de recapturas es muy alto. Un indice “bajo” no significa que no sea significativo para sacar conclusiones sobre la dinamica de una poblacion.
3.- ¿Acaso no hay que capturar al ave para ponerle el emisor? Existen estudios con distintos marcadores bioquímicos que demuestran que unas buenas prácticas de anillamiento no suponen un estrés significativo.
4.- Con respecto a el peso, estoy seguro que una anilla L pesa menos que un emisor.
Existen fundamentos sobrados para celebrar el importante papel que proporcionan los emisores, pero es más fácil y sensacionalista hacer declaraciones de este tipo…sin fundamento.
Un saludo
Hola Alfonso:
No creo que lo reflejado sea poco fundamentado, teniendo en cuenta que los equipos de investigación de no pocos centros ornitológicos están comenzando a utilizar geo-localizadores y transmisores por satélite, mientras que están dejando de promover campañas de anillamiento. Pero su opinión es respetable, por supuesto.
Por otro lado, el estudio de la densidad de una población en un ámbito geográfico dado, puede hacerse perfectamente con metodologías de censos terrestres sin necesidad del anillamiento, acumulando contactos por series de recorridos o estaciones de escucha. De todas formas, esta tribuna no pretende, ni pretenderá ser un foro para debatir sobre la idoneidad o no del anillamiento científico. No es, ni el lugar, ni el objetivo de este blog.
Gracias por reflejar su opinión.
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